El tiempo es gloria
Virtud sin orden, rara virtud
La mirada de estos días de Cuaresma tiene que estar dirigida a Jesús, Dios y hombre verdadero. Lamentablemente el ruido exterior e interior nos dispersa; el inicio de clases , el comienzo del nuevo año después de un periíodo de vacaciones, los desórdenes propios de la vida cotidiana, nos sacan del eje de sabernos acompañados todos los días de nuestra vida por Aquel que dijo; "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt28,20).
Tenemos que tener bien presente que "parte" de la herencia que el cristiano ha recibido de Dios es el tiempo.
El tiempo es la distancia que nos separa de ese momento en que nos presentaremos ante Dios con la manos llenas o vacías. Solo ahora, aquí en esta vida es "un tiempo" que Dios nos regala para llenarlo del amor de Él, de caridad para quienes nos rodean, de trabajo bien hecho, de ejercitar las virtudes, de obras buenas. Ahora es el momento de hacer el "tesoro que no envejece" (F. Fernández Carvajal, Antología de textos).
El error está en no saber aprovechar el tiempo y que lo urgente nos haga perder lo importante, olvidándonos de que la vida se nos escapa como agua entre los dedos.
"Al terminar la jornada llena de agitación y nerviosismo, ¿en que hemos gastado esas horas transcurridas, uno de los más ricos dones que Dios nos ha concedido? Si, el tiempo es un verdadero tesoro, riquísimo, más rico aún si consideramos que, teniéndolo, no sabemos hasta cuando lo poseeremos. Esta se constituye una razón poderosa para decidirnos a aprovecharlo bien.
Déjalo un año más
La vida del hombre sobre la tierra tiene un espacio temporal y de cómo lo hayamos aprovechado depende la eternidad. La parábola evangélica se impone como ejemplo: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar los frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos y no los encuentro. Córtala ¿para que malgastar la tierra?' Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía un año; yop removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré" (ver Lc 13,6-8)
Así, cuando ya el tiempo haya transcurrido, muchos querrán dar marcha atrás y hallar la fórmula milagrosa de disponer siquiera un año más. Un año más para hacer lo que antes se dejó de hacer, para hacer lo que antes se hizo perezosamente y con descuido, para rectificar el camino que se perdió entretenidos en tantas cosas y olvidándonos de que la voluntad de Dios es nuestra santificación (cf 1 Tes 4,3).
Un año más que tampoco sabemos si daría el fruto que antes no se procuró.
Pero mientras se tiene el tesoro del tiempo, ahí está al alcance de todas la manos y nadie puede decir que no lo tuvo mientras vivió. Podemos carecer de muchos dones, pero la vida reparte entre todos el regalo del "tiempo, casi por igual para que todos aprovechemos esa "materia prima" y trabajemos para transformarla y convertirla en fuente de nuestros dones. Podemos convertirlo en una usina, cuya energía a su vez transforme el mundo. Del buen o mal aprovechamiento del tiempo dependen grandes bienes o males.
El perezoso pasa la vidaen la ociosidad dejando que el tiempo lo mate, en cambio el trabajador perfecciona la obra de Dios.
Por eso conviene estimar el valor inmenso de este don. Y por eso... ¡No hay tiempo que perder!.
Obstáculos
La falta de objetivos e ideales deja que los días pasen y vuelvan a pasar, con su carga de siempre y sin que el hombre se mueva a si mismo para hacer algo, para modificar la vida y crear su propia obra por su propia inspiración y entusiasmo. Entonces la vida pasa sobre el hombre, que se siente aplastado por ella sin ilusión y alegría; el tiempo lo arrastra como la corriente impetuosa que destruye todo a su paso.
El que no tiene un plan de vida, el que no lo ejecuta o evalúa y, por consiguiente, no piensa, vive en un desorden permanente tanto en lo personal como en lo social y comunitario. Desorden porque falta la dirección única de un objetivo ilusionado, el calor de la propia seguridad y el entusiasmo de saber adónde se va, que es lo que se quiere y las cosas que se van a hacer por decisión totalmente personal y voluntaria, penetrada de entusiasmo.
Una nueva Cuaresma.
Al comenzar el tiempo de Cuaresma es bueno examinar a fondo nuestra postura frente al tiempo. El desafío de la Fe es saber descubrir detrás de los signos de los tiempos la mano providente de nuestro Padre.
Es necesario tener un plan de acción, un objetivo que dé a cada día la razón de vivir. Un ideal que, aunque previsto como de lejos, explique los esfuerzos de caminar hacia el Señor. Aquí está la diferencia. Porque la vida es siempre caminar y caminar. Unos lo hacen sabiendo su destino, otros, como ciegos, dan vuelta sobre si mismos rompiendo la unidad interior y destruyendo su propia existencia.
Seguir a Cristo
La vida del cristiano consiste en seguir a Cristo por el camino que Él quiere, no por otra senda distinta. ¿Y cómo conoceremos el camino? Primero sabiendo que tenemos que caminar y que sin meta concreta, sin un guía seguro, difícil será llegar.
"Caminante no hay camino se hace camino al andar", dice el poeta español, pero para ir por buen camino se necesita un guía, un buen pastor que nos oriente con suconsejo.
La gran desorientación que vivimos es la falta de claridad, que nos lleva a una "auto-orientación" ignorado que nadie es buen consejero en sus propias cosas. Bendito el hombre que encuentra el guía seguro, el consejero prudente, el hombre sabio.
Ese es como el niño que anda confiado porque su padre lo toma de la mano y, sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda, corre feliz por los caminos divinos de la tierra.
Este tiempo que se le concede a cada hombre es escaso para realizar todo lo que Dios espera de él. "El número de los días del hombre, a mas tirar, son cien años, como una gota de agua en el mar, como un grano de arena, así son sus pocos años a la luz del día de la eternidad" (Ecl 18,8). Y además de breve, el final de nuestro tiempo en la tierra es incierto. No sabemos hasta cuando se prolongará: "A nadie se le ha prometido nunca el día de mañana" (San Agustín, sermón 87). Esta incertidumbre nos ayuda también a estar vigilantes en el aprovechamiento del tiempo, y a comprender mejor, a la luz de la Fe, que "de pasada vamos todos e la vida esta, camino de pregrinación, donde a todos se les dice como en los mesones: 2Tú ya comiste, sigue, ponte en camino, deja el sitio al que viene detrás" (san Agustín, sermón 105).
Reflexionemos
"Dios me hace la gracia de un nuevo día . Un maravilloso y encantador nuevo día que Él me concede para que yo pueda recrearme en la exultación de la vida, en el portento de las cosas creadas, en los dulces afectos de la familia, en las suaves satisfacciones de la amistad, en tantas y tantas cosas buenas y agradables que en su amorosa providencia ha engolosinado al mundo. Dios me hace merced de un maravilloso nuevo día para que yo pueda dar otra pincelada más de perfeccionamiento en el lienzo de mi vida.
Lo recibo agradecido, con el jubiloso gorjeo de los pajarillos en la enramada, que el alborozo de aquel que conoce el valor de lo que recibe.
Quiero gozarlo por entero y quiero hacerlo gozar a los demás, sembrando felicidad, puesto que esa es, Señor, la condición que Tú has puesto para que podamos cosechar la felicidad" (William Bennet, El libro de las virtudes)
Pbro.dr. Jorge A Gandur