Traducción: Ricardo Guillermo Cardinali
Presentación
Había una vez (¿de qué otra manera se puede empezar este relato?) un grupo de profesores de la muy circunspecta Universidad de Oxford que constituyeron una sociedad informal con la finalidad de recitar poemas en inglés antiguo, cantar en latín, fumar en pipa y tomar cerveza.Llamóse The Inklings la tal sociedad y su sede era un pub. Sus dos miembros más famosos fueron Clive Staples Lewis y John Ronald Reuel Tolkien, creadores de las sagas de Narnia y el Anillo, respectivamente.
Según una tradición nunca comprobada, que algunos investigadores consideraban como una simple maniobra comercial del cantinero destinada a atraer parroquianos, Tolkien y Lewis habrían escrito entre ambos en una mesa del pub un texto en el que los amigos compartían personajes y escenarios.
Habiendo llegado a mis oídos la leyenda de este manuscrito perdido, comencé una búsqueda agotadora y exhaustiva, siguiendo endebles pistas que las más de las veces terminaban en desalentadores callejones sin salida. Hasta que finalmente un dato fidedigno que me proporcionó un borracho londinense a la vera del Támesis me llevó al Reino de Escocia.
Es así que con la ayuda de dríadas y elfos pude internarme en la campiña escocesa, eludiendo la persecución de lobos, trolls, espectros, minotauros y agentes del Royal Institute of Internationals Affairs, para llegar al cabo a una modesta cabaña en la que encontré en su lecho de muerte al anciano cantinero del pub de los Inklings. El hombre, cuya edad no tenía fronteras, me entregó con sus manos temblorosarmentosas un pliego amarillento. Escrito en cursiva y con runas élficas, siringas y racimos de uva dibujados en el margen izquierdo, el manuscrito estaba en relativamente buenas condiciones; se notaba también a simple vista el cambio en la inclinación de las letras, señal de que era efectivamente obra de dos manos distintas. Un par de añosas manchas, aparentemente provocadas por algún líquido, habían corrido la tinta en cinco de los venerables renglones.
-Es cerveza, -dijo el viejo- Lo empezaron a escribir a las cuatro de la mañana, después del tercer galón.
Y expiró.
Confieso que la traducción del documento fue un trabajo arduo, paciente y agotador, sobre todo porque no sé inglés. Los textos no son del todo originales pues las ideas de los autores aquí expresadas figuran en Las Crónicas de Narnia y El Señor de los Aniillos. No he efectuado las citas del caso, por tratarse esta de una publicación periodística, no académica.
En coincidencia con el estreno del film “El Principe Caspian”, presento ahora a los lectores este histórico y curioso texto.
El Traductor.
LA BRUJA BLANCA Y EL OJO DE MORDOR
by C.S. Lewis & J.R.R. Tolkien
HI – EL REINO MUERTO
abia una vez un reino maravilloso llamado Narnia. Era Narnia el país creado por Aslan, un magnífico león no domesticado, y por la Magia Insondable y en él conviviían armónicamente los árboles vigilantes y las náyades visibles, los faunos y los sátiros, los enanos y los gigantes, los dioses, los centauros y las bestias parlantes. Pero un día Aslan se retiró de Narnia y sus pacíficos y prósperos habitantes se fueron olvidando de él, hasta relegarlo a la categoría de leyenda. Entonces, niños, se apoderó del Reino la malvada Bruja Blanca.
Jadis, que así se llamaba la bruja, invocando la Magia Insondable que en verdad desconocía, tomó el poder y desde entonces Narnia habíase tornado miserable y helada. Ya no había Navidades y los narnianos temorosos, se enfrentaban unos con otros. Nadie sembraba los campos, nadie se atrevía a circular por los caminos, faltaban alimentos y la miseria y el descontento se esparcían por todo el reino.
-¡Jajaja! –reía la malvada Jadis- cuyo rostro era hermoso en algunos aspectos, aunque también orgulloso, frío y severo. -¡Ahora sois todos iguales! ¿Querías la justicia social que predicaba Aslan? ¡Ahí la tenéis! Y es mejor de la que os ofrecía ese infeliz león hervíboro.
A los que osaban levantarse contra su poder la Bruja los convertía en piedra o les enviaba a Maugrim, el lobo, recaudador de impuestos y capitán de la policía secreta.
En los últimos tiempos algo extraño estaba sucediendo en el afligido país: algunos copos de nieve comenzaban a derretirse y a, veces, oculto entre los espesos y perpetuos nubarrones, se filtraba un bienhechor rayo de sol.
Ante estos extraños sucesos, algunos de sus cortesanos le aconsejaron a Jadis huír.
-No –declaró la bruja-; no hay necesidad de huír. Convocad a los lobos, los hombres lobo, los gigantes, y los espíritus de aquellos árboles que estén de nuestro lado. Que vengan los demonios, los espantos, los ogros y los minotauros. Que acudan los bárbaros, las arpías, los espectros y los habitantes de las setas venenosoas.
Y diciendo esto, la bruja miraba al sur, como buscando ayuda en algún poder oculto que la sostenía, pero que también la gobernaba y al que temía.
Para colmo de males, y precisamente desde la frontera sur algunas partidas de extranjeros negros, horribles y monstruosos (se los llamaba orcos) habían ingresado atacado animales parlantes y faunos. La señora Castor, escondida entre unos matorrales había escuchado al capitán de los invasores, el orco más feo que se haya visto, gritar con voz afeminada:-¡Odio a los elfos, odio a los hobbits, odio a los narnianos! ¡Los odio con todo mi corazón!
La Bruja Blanca había dictado un decreto condenando a trabajos forzados a cualquiera que llamase feos a los orcos (que eran realmente muy feos). Se llamaba Decreto Antidiscriminatorio, y favorecía también a los trolls, pero eso no interesa a nuestra historia.
Jadis se hacía pasar por Hija de Eva, pero era verdaderamente hija de Lilith, el demonio y lo que más temía era el regreso de los verdaderos Hijos de Adán y las verdaderas Hijas de Eva y que de ese modo se cumpliera la profecía que le sería fatal.
La resistencia narniana envió exploradores de dos en dos, para descubrir por donde había ingresado el ejército orco.
Una de estas partidas, siguiendo con facilidad el rastro de los orcos, ya que éstos son muy descuidados y dejan el camino arrasado, quemado, pisoteado y lleno de cajas vacías de vino tinto barato, salió de las fronteras del reino congelado hasta llegar a un bosque, también helado, situado al pie de los montes de Ered Mithrin que separaban Archenland de Rhovanion, comarca de la Tierra Media.
Un enano caminaba distraído por un sendero sinuoso que seguía malamente las anfractuosidades del terreno adentrándose en el bosque fantasmal cuando desde el hueco de un tronco seco salió otro enano corriendo y gritando y blandiendo su terrible hacha, con la intención de partir al primero en dos mitades, tal como hacen vuestras madres con las manzanas.
Estando pronta a caer la descomunal arma sobre su desprevenida víctima, un certero flechazo que se incrustó en el mango la arrebató violentamente de las manos del atacante, que no era otro que Trumpkin, a quien ya hemos visto en el Consejo de Guerra del Prado Danzarín, pero eso se cuenta en otro libro, como ya sabéis.
-¡Ah, traidor, enemigo de tu raza, servidor del Poder Oscuro! Ahora probarás el filo del hacha de Gimli, hijo de Glóin- grito el primer enano girando violentamente y levantando su propia hacha. Pero fue desarmado del mismo modo que su atacante, por un flechazo tan certero como el primero.
-¡Brujería! –gritaron Trumpkin y Gimli.
Pero en ese momento, desde la espesura aparecieron los dos arqueros, apuntándose entre sí.
El que había desarmado a Trumpkin era alto, delgado, con cabellos de oro y singular belleza.
La que disparó sobre el hacha de Gimli, en cambio, era una hermosa doncella, casi una niña, que no superaba los catorce años de la cronología corriente.
Y vieron los enanos aparecer a sus respectivos camaradas y comprendieron que no se trataba de brujería y corrieron a tomar sus hachas para enfrentarse nuevamente . Y es que en los reinos mágicos y relatos de aventuras, no se usa mucho el díalogo.
Y entonces desde el cielo se oyó una voz potente que atronó:
-¡Deteneos! ¡Bajad los arcos, dejad las hachas!
-¡Por Durin y las Cuevas de Moria!-gritó asombrado Gimli.
-¡Dedales y tormentas! –gritó asombrado Trumpkin.
Y la voz era de Gwaihir, el gran águila, el Señor de los Vientos.
Y se oyó otra voz, aguda y chillona.
Y era la del Viejo Cuervo de Narnia:
-¡Alto, Trumpkin! ¡Dejad el arco, Susan Pevensie,Reina de Narnia, Hija de Eva!
-¡Detente Gimli! ¡Paz, Legolas, hijo de Thranduil, Rey de los Elfos del Bosque Negro del Norte!No debéis combatir entre vosotros-volvió a hablar Gwaihir .
-¡Propia tropa, propia tropa! –chilló el Viejo Cuervo- ¡No os enfrentéis entre vosotros! El mal viene del sur.
-¿De Río Gallegos? –pregunto Susan.
-De Mordor –contestó Gwaihir.
-Con el debido respeto, Majestad –dijo el Viejo Cuervo- ¿Qué os enseñan en la escuela?
Y Susan se sonrojó, y bajó el arco, y guardó la flecha empenachada en el carcaj y las aves se alejaron.
Y guardó Legolas también la suya y acercándose a Susan, se hincó respetuosamente, le besó la mano y dijo:
-Mis disculpas, Majestad, pero raros y funestos son estos tiempos.
-Me disculpo también –dijo Susan, ayudándolo a incorporarse- Y también con vos, señor enano –agregó dirigiéndose a Gimli- pero mi camarada Trumpkin os confundió con el enemigo.
-Es que conozco a todos los enanos leales y a ti nunca te había visto –se excusó Trumpkin.
-¡Maldita sea, enano del Norte! –contestó Gimli- Y por tu error ibas a dividirme en dos mitades.Pero te perdono, pues el Poder Oscuro de Sauron gobierna la Tierra Media y confunde hasta a quienes deberíamos ser aliados-. Y dicho esto lanzó una carcajada y los enanos se reconciliaron e hicieron las paces, sin decir una palabra más, porque es sabido que los enanos no son muy demostrativos.
-¿El Poder Oscuro? –dijo Susan- ¿En Narnia gobierna la Bruja Blanca y aquí hay otro poder maléfico?
-No es otro, es el mismo.
Susan y Trumpkin se miraron sorprendidos.
-Debemos hablar –dijo Legolas.
-Pero en voz baja –dijo Trumpkin- Los árboles escuchan y algunos sirven a la Bruja Blanca.
Y entonces Legolas sonrió de un modo que si no se hubiera tratado de un elfo, hubiese parecido malicioso. Y dijo:
-Soy un Elfo de los Bosques, señor enano. Conozco la naturaleza de los árboles. ¡Gimli, Trumpkin! Tomad vuestras hachas.
Susan, con el sentido práctico propio de su sexo dijo:
-Anochece y no tenemos nada de cenar.¿Hay animales parlantes en estos parajes?
-No, majestad –contestó Gimli.
Y descolgando el arco de su espalda, la reina de Narnia desapareció en la espesura del bosque.
II LA REBELION DE LOS HOBBITS
Como hasta los traidores alguna vez pueden servir para algo, los árboles señalados por Legolas y cortados por los enanos hicieron una buena fogata en la que se asaban lentamente los tres conejos cazados por Susan. Habló entonces Trumpkin y contó la terrible situación en la que se encontraba Narnia por la tiranía de la Bruja Blanca y de cómo siguiendo el rastro de los orcos invasores del sur, llegaron al bosque en el que ahora se hallaban.
Y se admiró Gimli de la belleza de la reina, de su valor, y de las proezas y combates en que había intervenido.
-Muchas gracias –dijo modestamente Susan- Exageras en tus cumplidos, amable enano. Además es mejor que ir a la escuela.
Y entonces hablo Legolas:
-En los Tiempos Antiguos, que aquí llamamos le Segunda Edad, la Tierra Media estaba en paz. Los jinetes de Rohan criaban sus caballos y galopaban despreocupadamente, los Elfos nos mezclábamos con los Hombres, los Enanos cavaban minas y descubrían tesoros, y los Medianos pasaban tranquilamente sus días en la Comarca bebiendo cerveza, fumando hierba para pipa, que es famosa en Hobbiton y cultivando sus tierras. En esa época gobernaba en el Reino de Gondor, Isildur el Justo, hijo de Elendil, de la raza de los Númeronianos. Por ese entonces apareció Sauron, el Poder Oscuro, y con regalos y palabras seductoras se infiltró en todas aquellas pacíficas comunidades. Los regalos iban desde lujosos Anillos de Poder hasta choripanes, de acuerdo a la condición social e intelectual de cada uno. E iba Sauron afianzándose en su poder y debilitando el de Isildur, hasta que un Jinete de Rohan, hombre de poca altura para los de su raza y de aspecto endeble, pero valiente y de corazón puro, advirtió a Isildur de la conspiración que lo amenazaba. El heroico jjinete se llamaba Éomer.
Legolas hizo una pausa.Y luego prosiguió:
-Éomer sabía que corría riesgo de vida, pero su lealtad para con Isildur era inquebrantable. “Sólo los sucios servidores del Poder Oscuro me pueden atentar”, solía decir. Fue así que una mañana, cuando se aprestaba a subir a su carro de combate, fue emboscado y asesinado vilmente. Veintirés flechas orcas lo atravesaron. E Isildur se encolerizó y enfrentó a Sauron y desenvainando su espada Narsil, le cortó la mano quitándole el Anillo de Poder mientras le decía en idioma élfico: ¡A Elbereth Gilthoniel o menel palán-diriel!, que en la Lengua Común de la Tierra Media quiere decir: ¡Imberbe infiltrado, estúpido que grita!
-Todavía se canta entre los enanos la epopeya de ese día glorioso –suspiró Gimli-.
Y Legolas continuó con el relato:
-Pero luego Isildur murió, y Sauron esperó con paciencia una nueva oportunidad, y fue tejiendo una red de alianzas y se refugió en el sur, en Mordor, donde levantó la Torre Oscura en Cirith Ungol, junto a la Montaña de Fuego Y desde allí con su Ojo rojo, desviado por el mal, controla y ve todo y sostiene a sus ejércitos.Y los hombres de Isildur murieron o fueron comprados por Sauron, excepto unos pocos proscriptos conocidos como Montaraces, que vagan por las montañas combatidos por el Poder Oscuro, pues la profecía proclama que de entre ellos saldrá el heredero de Isildur. Y el poder de Sauron fue cada vez más grande y se extendió más allá de la Tierra Media e instaló en el trono de un Reino del Norte a una de sus servidoras, que le teme y obedece, Reino que en el día de hoy nos enteramos se trata de la desafortunada Narnia.
-¿Entonces la malvada Jadis es servidora de Sauron? –preguntó Susan.
-Así es Majestad, -contestó Gimli- Así Sauron extiende su poder a toda Narnia, pero nadie puede culparlo, pues no es el rey.
-Y todo está congelado, paralizado, muerto, -reflexionó Trumpkin.
-Lo mismo pasa en la Comarca –contestó Legolas- Frodo Bolsón lo ha escrito en su Crónica., cuando recogió las declaraciones de Hob Guardacercas:La cosecha de los hobbits de este año fue excepcional pero los “recolectores” y “repartidores” de Saruman, un traidor al servicio del Poder Oscuro, recorren el campo contando y midiendo y llevándoselo todo para almacenarlo. Es más lo que recolectan que lo que reparten, y las mayor parte de las cosas nunca las vuelven a ver.
-¡Entonces todo está perdido! –suspiró Susan.
-No Majestad, al contrario –contestó Legolas- Ahora hay una esperanza. Ensoberbecido en su poder, Sauron no tuvo en cuenta la reacción de los Hobbits, los Medianos.Los Hobbits son gente pequeña, más aún que los enanos, y en ningún momento fueron amantes de la guerra. Pero son vigorosos y recios, y llegado el momento, se hace muy difícil intimidarlos o matarlos; y esa afición incansable que mostraban por las cosas buenas tenía quizá una razón: podían renunciar del todo a ellas cuando era necesario y lograban así sobrevivir a sus enemigos.Aunque se resistían a pelear, eran valientes llegado el caso.Y si un Hobbit recoge una piedra, lo mejor es ponerse a resguardo. Sauron los consideró insignificantes, pero los Hobbits se rebelaron. Y el poder del Ojo siniestro comenzó a tambalear.
-Tal vez por eso empezó a derretirse la nieve y a veces el sol aparece tímidamente –dijo Susan.
-Probablemente –contestó Gimli.
-Casi con seguridad –afirmó Legolas- Sam Gamyi un hobbit enviado como explorador, ingresó a la desolada y pestilente Mordor. Cruzó solo las Ered Lithui, o Montañas de las Cenizas, corrió por un sendero ascendente y allí vio que el camino doblaba a la izquierda. Llegó hasta Cirith Ungol y desviando la vista, también a la izquierda vio al Ojo siniestro revolverse enloquecido. También oyó la voz tenebrosa que gritaba ¡UN ANILLO PARA GOBERNARLOS A TODOS!¡UN ANILLO PARA ENCONTRALOS!¡UN ANILLO PARA ATRAERLOS A TODOS Y ATARLOS EN LAS TINIEBLAS! Y Sam huyó del lugar maldito de Barad-dür (Puerto Maderna en Lengua Común) y llegó a Rivendel y transmitió sus informes al Concilio de Élrond. Y Gimli y yo fuimos comisionados para seguir el rastro de los orcos que iban hacia el norte… y el resto de la historia ya la conocéis. Debemos organizarnos y organizar la resistencia.
-Pero Aslan no ha vuelto –dijo Susan.
-Ni la espada de Isildur ha sido nuevamente forjada ni aparecido su heredero –dijo Gimli.
-No importa –dijo Trumpkin, optimista contra toda esperanza- Igual combatiremos.
Y Legolas, mientras las llamas de la hoguera se extinguían suavemente cantó las profecías de Narnia y la Tierra media:
No es oro todo lo que reluce
Ni toda la gente errante anda perdida.
De las cenizas subirá un fuego
Cuando Aslan venga por aquí
Con su potente rugido.
El descoronado será de nuevo rey,
El invierno estará herido de muerte.
Regresará la primavera.
Forjarán otra vez la espada rota.
Y TRONARÁ EL ESCARMIENTO
……………
Y aquí termina el manuscrito.(N.del T.).